Ciudadanos en Constitución.
Espacio para la reflexión y libre expresión sobre las practicas ciudadanas.
viernes, 9 de mayo de 2014
PROYECTOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE CIUDADANÍA, por Mariana Melgarejo
¿Por qué trabajar con un proyecto?
La palabra proyecto es usada en ámbitos educativos para hacer referencia a una multiplicidad de objetos y situaciones. Todas las expresiones normativas y organizativas de las escuelas, como así también las pedagógico-didácticas, se encabezan en la mayoría de los casos con la palabra “proyecto” (El PEI, el PCI, el proyecto áulico, etc.)
Ante el desafío de construir un espacio curricular nuevo y novedoso, se planteará una definición diferente para proyecto, dentro de la cual se incluirán, por una lado cuestiones organizativas de la práctica educativa (ejemplificadas a través de las preguntas proyectivas qué, cómo, cuándo, con qué, etc.), vinculadas a la elaboración de un proyecto en el sentido tradicional; por otro lado, el proyecto para el espacio “Construcción de Ciudadanía” implicará recrear la relación pedagógica.
En este sentido, este proyecto deberá definir un tipo de trabajo en el aula, incluyendo tanto contenidos, como acciones y relaciones.
Por lo anterior, el planeo del nuevo espacio definirá no sólo intenciones y expectativas del docente a cargo, sino un tipo de práctica pedagógica en la cual los jóvenes se incluyan como protagonistas genuinos, desde las primeras definiciones y elaboración de la propuesta e trabajo. Se promoverá otorgar un nuevo sentido al trabajo en el aula: un sentido socialmente real, accesible para los chicos y los jóvenes y fundamentalmente compartido por docentes y estudiantes.
No obstante, es necesario tener presente que un proyecto en la escuela es ante todo una propuesta de
enseñanza, desarrollada a través de acciones, relaciones y con ciertos recursos. Estos proyectos deben
tener objetivos educativos claros, que deberían ser explícitos para todos quienes participan de ellos, sean docentes o estudiantes.
En este espacio en particular se propone que los proyectos apunten a resolver una problemas de ejercicio de ciudadanía, o bien a lograr producciones finales que sirvan para ser compartidas y comunicadas, y que puedan fundamentalmente trascender el ámbito escolar.
¿Cómo comenzamos la elaboración del proyecto para implementar el espacio “Construcción de
ciudadanía?
Dado que se pide que los proyectos incluyan desde su origen la voz, los intereses, preocupaciones y debates de los jóvenes, cada propuesta deberá adecuarse a las particulares realidades y contextos en que se desarrollen. Por lo tanto, no es posible que un mismo esquema general de proyecto sea aplicable a cualquier situación de enseñanza. La idea del proyecto “formulario” no es aplicable en el marco en que implementará el espacio “Construcción de Ciudadanía”.
Se trata en principio de brindar los espacios reales y concretos de participación y expresión de los jóvenes, tal que los contenidos del proyecto puedan ser recuperados y sistematizados por el docente en este proyecto, no intentando imponer a priori temas de su propio interés. La intención es que en este espacio contemos con estudiantes interesados y motivados por el objeto (tema o problema) de estudio,.
Así, los alumnos se verán involucrados activamente en el proceso de construcción del conocimiento, y reconocerán, en los aprendizajes que logran, las respuestas a las preguntas que circularon en el aula y de las cuales ellos se apropiaron, a través de la recuperación, sistematización y acompañamiento del docente.
Como se ha dicho, no podemos pensar en un esquema “tipo” de proyecto, válido para todas las situaciones, grupos y condiciones educativas. Sin embargo hay ciertos rasgos generales que sí se pueden considerar fundamentales como característicos del tipo de proyecto para este espacio curricular:
¿En qué etapas es necesario desarrollar el proyecto?
Se propone que los proyectos de espacio “Construcción de Ciudadanía” tengan en cuenta tres momentos, cada uno de los cuales tendrá sus propias características y dinámicas, que serán formalizados y puestos en papel de acuerdo a las diversas realidades en que van a ser aplicados.
En principio, en la elaboración de los proyectos deberían identificarse tres grandes etapas:
A- Elección del tema, ejes y/o contenidos del proyecto:
tendría en principio las características de una etapa exploratoria, el la cual el docente deberá desarrollar una escucha y observación activa, que le permita transformar en un objeto sistemático de conocimiento y trabajo conjunto el tema emergente, adecuarlo y encuadrarlo en una propuesta de enseñanza curricular. También es una etapa de mucha intervención y diálogo de los estudiantes, que deben sentir que están dadas “habilitadas” las condiciones genuinas de participación, y que sus expresiones serán tenidas efectivamente en cuenta, que tienen “valor” dentro del ámbito escolar, especialmente dentro de este espacio. También es un momento privilegiado para que el docente releve los conocimientos y las representaciones de los estudiantes, que jugarán en el tratamiento y desarrollo de los temas y contenidos, potenciando u obstaculizando la participación.
Es importante que los estudiantes participen de la elaboración del proyecto, seleccionando contenidos y planificando el desarrollo escolar del espacio curricular. Aprender a planificar y desarrollar acciones conjuntas es un contenido muy pertinente dentro de este espacio, y este momento se podría tomar como “práctica de planificación”.
B- El desarrollo:
es el momento o etapa en que se pondrán en acción las propuestas planificadas
conjuntamente. Las acciones se desarrollan en relación con los ejes y contenidos propuestos, los
cuales cobrarán sentido en este momento y en esta relación. Será el momento del “hacer”, pero
también el de construir conocimiento, sistematizarlo y ponerlo en acción.
Esta etapa se desarrollará en un tiempo y un espacio, pero sin las restricciones formales de los
tiempos “curriculares” tradicionales: no tendrán la obligación de una “terminalidad”, ni de una
nota, ni de una gradualidad artificial (donde un contenido es “artificialmente consecutivo” con
otro). En este espacio la relación de progresión e integración de los contenidos la irá definiendo
el trabajo dentro del marco del propio proyecto, que impondrá los ritmos, las necesidades de
bibliografía o información, la necesidad de profundización de temáticas, de integrar con los otros
espacios curriculares, de acciones extraescolares, de participación en eventos comunitarios, etc.
C- La evaluación:
En principio es necesario caracterizar brevemente qué llamaríamos EVALUACION en este
espacio curricular. En este tipo de espacios no podría considerarse la posibilidad de un examen
tradicional, ya que éste siempre tiene una connotación jerarquizadora, y se realiza para
comparar la adecuación y el manejo de cierto corpus de conocimiento “consagrado”. Siendo
que en “Construcción de Ciudadanía” se busca tanto el trabajo sobre lo conocido como la
construcción de nuevos conocimientos, es necesario resignificar la evaluación tal como se la
reconoce en los ámbitos escolares.
Uno de los fines prioritarios de este espacio es lograr prácticas efectivas y concretas de
ciudadanía, por lo cual es muy importante erradicar la idea de que se estudia “para el examen”,
lamentablemente muy instalada en la cultura escolar. En esta concepción, el examen se
convierte en un fin en si mismo y conspira contra el aprendizaje verdadero, que sirve para la
vida fuera de la escuela, que es justamente el aprendizaje relacionado con los intereses.
Evaluamos para mejorar como ciudadanos, y en tanto comunidad social. Evaluamos para
desarrollar y aprender a utilizar prácticas concretas de participación ciudadana, desarrollo que
no tiene un fin exclusivamente escolar ni acotado, como sí lo tiene un examen y/o una nota.
La propuesta es que no se evalúen personas ni acciones individuales, para que la evaluación
no tenga resultados calificativos ni clasificatorios. No examinar a los estudiantes como
“personas” (en un sentido psicológico de personalidad) porque se generarán jerarquías dentro
del grupo, que conspirarían contra la participación de todos (por ejemplo, se establecería como
“más legítimas” las intervenciones de los que tienen mejores calificaciones, los que están peor
calificados no se animarían a hablar, etc.). Se propone no ponderar ni positiva ni
negativamente atributos o defectos como sujetos individuales, sino como parte de una
sociedad, como ciudadanos. Por lo tanto, todos evalúan y son al mismo tiempo evaluados,
comprometiéndose con el proceso general.
Es muy importante que los estudiantes (y porqué no, los docentes) se acostumbren a
explicitar (argumentar) el resultado de su evaluación, el sentido o criterio que han establecido.
Es una forma de ir comprendiendo que todos participamos responsablemente en el desarrollo
del espacio curricular, que incluye como parte fundamental una evaluación constante como
parte del proceso. De esta forma también asume un rol activo en su propio proceso de
aprendizaje.
Por lo anterior, este espacio no será calificado con ninguna valoración clasificatoria, ni
numérica ni de otro tipo.
La palabra proyecto es usada en ámbitos educativos para hacer referencia a una multiplicidad de objetos y situaciones. Todas las expresiones normativas y organizativas de las escuelas, como así también las pedagógico-didácticas, se encabezan en la mayoría de los casos con la palabra “proyecto” (El PEI, el PCI, el proyecto áulico, etc.)
Ante el desafío de construir un espacio curricular nuevo y novedoso, se planteará una definición diferente para proyecto, dentro de la cual se incluirán, por una lado cuestiones organizativas de la práctica educativa (ejemplificadas a través de las preguntas proyectivas qué, cómo, cuándo, con qué, etc.), vinculadas a la elaboración de un proyecto en el sentido tradicional; por otro lado, el proyecto para el espacio “Construcción de Ciudadanía” implicará recrear la relación pedagógica.
En este sentido, este proyecto deberá definir un tipo de trabajo en el aula, incluyendo tanto contenidos, como acciones y relaciones.
Por lo anterior, el planeo del nuevo espacio definirá no sólo intenciones y expectativas del docente a cargo, sino un tipo de práctica pedagógica en la cual los jóvenes se incluyan como protagonistas genuinos, desde las primeras definiciones y elaboración de la propuesta e trabajo. Se promoverá otorgar un nuevo sentido al trabajo en el aula: un sentido socialmente real, accesible para los chicos y los jóvenes y fundamentalmente compartido por docentes y estudiantes.
No obstante, es necesario tener presente que un proyecto en la escuela es ante todo una propuesta de
enseñanza, desarrollada a través de acciones, relaciones y con ciertos recursos. Estos proyectos deben
tener objetivos educativos claros, que deberían ser explícitos para todos quienes participan de ellos, sean docentes o estudiantes.
En este espacio en particular se propone que los proyectos apunten a resolver una problemas de ejercicio de ciudadanía, o bien a lograr producciones finales que sirvan para ser compartidas y comunicadas, y que puedan fundamentalmente trascender el ámbito escolar.
¿Cómo comenzamos la elaboración del proyecto para implementar el espacio “Construcción de
ciudadanía?
Dado que se pide que los proyectos incluyan desde su origen la voz, los intereses, preocupaciones y debates de los jóvenes, cada propuesta deberá adecuarse a las particulares realidades y contextos en que se desarrollen. Por lo tanto, no es posible que un mismo esquema general de proyecto sea aplicable a cualquier situación de enseñanza. La idea del proyecto “formulario” no es aplicable en el marco en que implementará el espacio “Construcción de Ciudadanía”.
Se trata en principio de brindar los espacios reales y concretos de participación y expresión de los jóvenes, tal que los contenidos del proyecto puedan ser recuperados y sistematizados por el docente en este proyecto, no intentando imponer a priori temas de su propio interés. La intención es que en este espacio contemos con estudiantes interesados y motivados por el objeto (tema o problema) de estudio,.
Así, los alumnos se verán involucrados activamente en el proceso de construcción del conocimiento, y reconocerán, en los aprendizajes que logran, las respuestas a las preguntas que circularon en el aula y de las cuales ellos se apropiaron, a través de la recuperación, sistematización y acompañamiento del docente.
Como se ha dicho, no podemos pensar en un esquema “tipo” de proyecto, válido para todas las situaciones, grupos y condiciones educativas. Sin embargo hay ciertos rasgos generales que sí se pueden considerar fundamentales como característicos del tipo de proyecto para este espacio curricular:
- Los contenidos no pueden ser una enumeración de temas inconexos.
- Deben tener la integración que permita abordar los temas y ejes con la complejidad que tienen.
- El desarrollo mismo deltrabajo determinará las necesidades de conocimientos que se requieren de los estudiantes que participan, así como el compromiso para su dominio.
- Que los contenidos, situaciones, modalidad y estrategia planteados por el docente pongan a los estudiantes en desafíos cognitivos, corriéndolos del plano de lo “políticamente correcto o incorrecto” y de lo obvio o naturalizado.
- Marcar etapas o momentos que deban desarrollarse en el transcurso del proyecto, que se definan más como necesidades del trabajo conjunto que por una formulación previa y rígida.
- Favorecer el desarrollo de actitudes solidarias, de interacción y cooperación grupal para la realización de las tareas.
- Incorporar estrategias de evaluación del proceso educativo que recuperen la voz de todos los participantes del espacio, como forma de lograr el compromiso de todos en el desarrollo del trabajo, evaluando y siendo evaluado como parte del todo.
¿En qué etapas es necesario desarrollar el proyecto?
Se propone que los proyectos de espacio “Construcción de Ciudadanía” tengan en cuenta tres momentos, cada uno de los cuales tendrá sus propias características y dinámicas, que serán formalizados y puestos en papel de acuerdo a las diversas realidades en que van a ser aplicados.
En principio, en la elaboración de los proyectos deberían identificarse tres grandes etapas:
A- Elección del tema, ejes y/o contenidos del proyecto:
tendría en principio las características de una etapa exploratoria, el la cual el docente deberá desarrollar una escucha y observación activa, que le permita transformar en un objeto sistemático de conocimiento y trabajo conjunto el tema emergente, adecuarlo y encuadrarlo en una propuesta de enseñanza curricular. También es una etapa de mucha intervención y diálogo de los estudiantes, que deben sentir que están dadas “habilitadas” las condiciones genuinas de participación, y que sus expresiones serán tenidas efectivamente en cuenta, que tienen “valor” dentro del ámbito escolar, especialmente dentro de este espacio. También es un momento privilegiado para que el docente releve los conocimientos y las representaciones de los estudiantes, que jugarán en el tratamiento y desarrollo de los temas y contenidos, potenciando u obstaculizando la participación.
Es importante que los estudiantes participen de la elaboración del proyecto, seleccionando contenidos y planificando el desarrollo escolar del espacio curricular. Aprender a planificar y desarrollar acciones conjuntas es un contenido muy pertinente dentro de este espacio, y este momento se podría tomar como “práctica de planificación”.
B- El desarrollo:
es el momento o etapa en que se pondrán en acción las propuestas planificadas
conjuntamente. Las acciones se desarrollan en relación con los ejes y contenidos propuestos, los
cuales cobrarán sentido en este momento y en esta relación. Será el momento del “hacer”, pero
también el de construir conocimiento, sistematizarlo y ponerlo en acción.
Esta etapa se desarrollará en un tiempo y un espacio, pero sin las restricciones formales de los
tiempos “curriculares” tradicionales: no tendrán la obligación de una “terminalidad”, ni de una
nota, ni de una gradualidad artificial (donde un contenido es “artificialmente consecutivo” con
otro). En este espacio la relación de progresión e integración de los contenidos la irá definiendo
el trabajo dentro del marco del propio proyecto, que impondrá los ritmos, las necesidades de
bibliografía o información, la necesidad de profundización de temáticas, de integrar con los otros
espacios curriculares, de acciones extraescolares, de participación en eventos comunitarios, etc.
C- La evaluación:
En principio es necesario caracterizar brevemente qué llamaríamos EVALUACION en este
espacio curricular. En este tipo de espacios no podría considerarse la posibilidad de un examen
tradicional, ya que éste siempre tiene una connotación jerarquizadora, y se realiza para
comparar la adecuación y el manejo de cierto corpus de conocimiento “consagrado”. Siendo
que en “Construcción de Ciudadanía” se busca tanto el trabajo sobre lo conocido como la
construcción de nuevos conocimientos, es necesario resignificar la evaluación tal como se la
reconoce en los ámbitos escolares.
Uno de los fines prioritarios de este espacio es lograr prácticas efectivas y concretas de
ciudadanía, por lo cual es muy importante erradicar la idea de que se estudia “para el examen”,
lamentablemente muy instalada en la cultura escolar. En esta concepción, el examen se
convierte en un fin en si mismo y conspira contra el aprendizaje verdadero, que sirve para la
vida fuera de la escuela, que es justamente el aprendizaje relacionado con los intereses.
Evaluamos para mejorar como ciudadanos, y en tanto comunidad social. Evaluamos para
desarrollar y aprender a utilizar prácticas concretas de participación ciudadana, desarrollo que
no tiene un fin exclusivamente escolar ni acotado, como sí lo tiene un examen y/o una nota.
La propuesta es que no se evalúen personas ni acciones individuales, para que la evaluación
no tenga resultados calificativos ni clasificatorios. No examinar a los estudiantes como
“personas” (en un sentido psicológico de personalidad) porque se generarán jerarquías dentro
del grupo, que conspirarían contra la participación de todos (por ejemplo, se establecería como
“más legítimas” las intervenciones de los que tienen mejores calificaciones, los que están peor
calificados no se animarían a hablar, etc.). Se propone no ponderar ni positiva ni
negativamente atributos o defectos como sujetos individuales, sino como parte de una
sociedad, como ciudadanos. Por lo tanto, todos evalúan y son al mismo tiempo evaluados,
comprometiéndose con el proceso general.
Es muy importante que los estudiantes (y porqué no, los docentes) se acostumbren a
explicitar (argumentar) el resultado de su evaluación, el sentido o criterio que han establecido.
Es una forma de ir comprendiendo que todos participamos responsablemente en el desarrollo
del espacio curricular, que incluye como parte fundamental una evaluación constante como
parte del proceso. De esta forma también asume un rol activo en su propio proceso de
aprendizaje.
Por lo anterior, este espacio no será calificado con ninguna valoración clasificatoria, ni
numérica ni de otro tipo.
ACTO CONMEMORATIVO SAN MARTIN
La celebración en las fechas
patrias es una tradición arraigada en nuestra sociedad. Pero citar fechas y lugares que pueden
encontrarse fácilmente en un libro de historia no parece la forma más adecuada
de honrar la memoria de un hombre de la talla de Don José de San Martín.
Pensar... sopesar.... los
ideales, la pasión que impulsaron a este
argentino a emprender tamaña obra, como fue lograr nuestra independencia,
parece más adecuado y más útil. Pensemos en el contexto en el cual tuvo lugar el accionar de San
Martín: Un país donde sus hijos, los nacidos aquí, eran ciudadanos de segunda,
parias en su propia tierra; mientras que
los extranjeros, los españoles -¡qué
ironía!- eran los amos de vidas y
bienes de todos.
Un cambio de raíz de este
estado de cosas, un paso de la injusticia a la justicia, era imperioso. Y para
eso el poder tenía que estar en manos criollas. Todos los hombres de mayo:
Manuel Belgrano, José de San Martín, y muchos otros coincidían en eso. Algunos
admiraban el modelo francés o norteamericano, de corte republicano; otros,
entre ellos San Martín, contemplaban la posibilidad de una monarquía nativa.
Quizá visto con los ojos de hombres de hoy, la forma era lo de menos. Lo
importante era el ideal y el objetivo: la independencia, la libertad…
Y las empresas magnas no se
consiguen con sólo palabras, con ideas, hace falta la pasión y la inteligencia, que juntas llevan a la
acción. Y pasión le sobraba
a San Martín. Tanta pasión, que a
veces se volvía contra su propio cuerpo.
No olvidamos sus úlceras, su a veces endeble salud... rasgo frecuente en
los que se alimentan de grandes pasiones y de grandes ideales.
Si hay que hablar de
Don José de San Martín hay que hablar de esfuerzo, de generosidad y amor por la
educación, de modestia, de honestidad,
de sincera defensa de la libertad y de los derechos del hombre.
* Esfuerzo: claro y
patente en la dura empresa de armar un ejército de la nada y cruzar los Andes
* Generosidad y amor por la educación: cuando
dona la mitad de su sueldo al ser nombrado comandante de Granaderos a Caballo.
Cuando cede un tercio del producto de su quinta llamada “los Barriales” con un
destino específico: la dotación de una cátedra de Matemática y Geografía pues según
sus palabras pretende que “la juventud
forme las más fuertes columnas sostenedoras de la libertad y del decoro
nacional”.
* Modestia: de la verdadera y natural, no de la falsa
que esconde a veces la soberbia. Pensemos en su
vestimenta escasa, en sus huidas de los homenajes después de las victorias, de
su recordada frase cuando, después de Chacabuco, se encuentra con una recepción
en su honor, y una hermosa vajilla de
plata pura y exclama: “No estamos en tiempo de tanto lujo: el Estado se halla
en necesidad y es preciso que todos
contribuyamos a remediarla.” (Por
supuesto pidió que esta frase no se hiciese pública).
* Defensa de la libertad y
de los derechos del hombre: a su llegada
a Lima, la ciudad de la opulencia, de los privilegios enquistados, amparados por una
legislación medieval, aboga por: la
terminación de la esclavitud de los
indios y los negros; la afirmación de
las garantías individuales; el fin de
los azotes, las torturas y tormentos. También defiende el habeas corpus, la inviolabilidad del domicilio, el
respeto a la justicia como poder independiente; se opone a la
censura previa, a la prohibición de libros, a todo atropello a la libertad. Uno se pregunta cómo ven a Don
José de San Martín, los neoconservadores que nos hablan de la supuesta “muerte de las ideologías”, y del nuevo dios, el Mercado. Si se les preguntara, sin duda sonreirían con
desdén y algo de fastidio; y responderían con palabras difíciles y vacías:
palabras que a menudo encierran una mentira.
El mundo cambia, sin
duda; pero algunos principios, algunos
valores, tienen vigencia eterna...
Hoy, contemplándolo con la objetividad que nos da
la distancia en el tiempo y más de un dolor y frustración de nuestra patria, de
nuestro pueblo, la presencia querida, la memoria del entrañable Don José de San
Martín se agiganta contra el horizonte; y cobra una actualidad palpable,
tangible...
Con su ejemplo
valiente y señero nos ayuda a salir de toda confusión de valores. Nos ayuda a
ser claros... a entender... que los viejos temas del honor, del amor, de
la búsqueda de ideales nobles... siguen
siendo los pilares de lo humano.-
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